La Brea de Sicuani

martes, 9 de octubre de 2012

Por: Paco Oswaldo Yarlequé Julián 

Era un día final de Abril en Sicuani provincia del Cusco, mañana fría el camino plagado de granizo, caminaba mientras un perro biringo ladra a lo lejos. Siempre tenía que cruzar esa misma calle antes de llegar a mi destino. Durante el proceso decidí  desayunarme nuevamente con un caliente emoliente a base de alfalfa, linaza, limón matizados con unos panecillos de maíz que no he vuelto a disfrutar nuevamente en mi vida. La mesonera dueña del local, me atiende, con propiedad, sirviéndome casi inmediatamente lo solicitado. Por entre la ventana leo un letrero que anuncia al peregrino extraviado el nombre de aquél pasaje. “Calle La Brea”. No me había percatado de éste singular detalle, Respiro profundo, un sorbo de ese rico brebaje, me recuesto en una vieja silla, sonrío con nostalgia y los recuerdos asaltan mi memoria.

-          El que a solas se ríe de sus mañas se acuerda.
Me dijo, un improvisado amigo, que resulto  ser también propietario  y esposo de la dama que me atendió.
-          No me había enterado del nombre de la calle. Le dije mientras le extendía la mano y lo invitaba a sentarse.
-          Prospero Quispe. Dijo y al momento nuestras manos se entrelazaron, tomó asiento, con su viejo jarro lleno de humeante leche recién extraída en la madrugada de sus vacas.
-          Paco Yarlequé (anuncié)
-          ¿No le gusta el nombre, caballero?
-          Sí. Yo vengo de allí. Yo crecí allí, luego vino la universidad, el trabajo y tuve que alejarme, pero mis padres y hermanas viven allí, primos, abuelos también.
-          ¡A chachao!... mucha gente viene a las ruinas, pero nunca imaginé que alguno pasara por éste pueblo olvidado de Dios.
-          No soy el primero, pero quizá el primero que conoce
-          Soy profesor de Historia, yo sé de su pueblo por el asunto de las ocho horas laborales, las huelgas y todo lo demás, todo eso me apasiona, pero la verdad no sé mucho, quizá lo elemental, como de sus héroes, Martín Chumo y Alejandro Taboada.. . Pero dígame ¿Cómo es su pueblo?
-          Es una comunidad, frente al mar, y en el mapa lo localiza por ser la parte más occidental de América del Sur. Es un lugar cálido aunque está dentro de los que comprende el desierto de Sechura. Si no me equivoco hasta mediados de 1860, cuando se inician las exploraciones de brea, corría un río que al parecer fue cortado para evitar problemas de tierras con los campesinos, es un terreno agreste, nada fértil. Inicialmente los primeros pobladores, procedían del rededor, Paíta, Sullana, Piura, Catacaos. Aunque los primeros en llegar fueron de Paíta, pescadores básicamente se asentaron en una caleta que se llama San Pablo. Ahora es predominantemente zona petrolera.

Escuchaba con atención y al callar, indaga en su memoria que preguntar que alimente su conocimiento.
-          ¿Qué hay de Martín Chumo y Alejandro Taboada Crisanto?
-          Pues, del primero no sé mucho, pero de Taboada para empezar, su nombre es Alejandro Taboada, solamente. En su acta de nacimiento no hay apellido materno, ni segundo nombre pero si se señala que es una mujer de apellido Pacheco, nació en Catacaos, en una calle que en ese tiempo se como “Los pajareros”, porque todos los vecinos eran artesanos que trabajaban con la paja, para confeccionar sus trabajos. De allí migro a Talara, a trabajar casi terminando de ser niño. (Increíblemente saco una hoja, lápiz y pude ver que lo primero que anotó fue mi nombre, luego a medida que charlaba unos garabatos que no reconocía hasta que pude definir que escribía en taquigrafía)
-          ¿Cómo sabes tú lo de su nombre?
-          Sonrío y le digo sin presunción alguna. Es primo hermano de mi abuela paterna, viene a ser algo así como mi tío abuelo en segundo grado
-          Entonces, ¿Qué sabe tu familia de él?
-          Pues, ahora los Taboada son una rama algo alejada de mi línea (genealógica), pero cuentan mis tíos abuelos de mi bisabuelo, porque estos eran niños y él ya era adulto, e hizo junto a un señor Miguel Arrese  que a su vez era Secretario Sindical la huelga. Es que Talara era una ciudad cerrada. En otras palabras una colonia gringa. Vivía  a salto de mata, por las noches dormía en un ataúd y algunas veces se traslado entre Negritos y Talara disfrazado de mujer, cuentan también que se entrevisto con  Víctor Raúl Haya de la Torre, en Negritos en una zona olvidada ahora llamada “Nicaragua” y éste le regalo un revolver con cacha (mango) blanca de marfil. Los revoltosos fueron fusilados por la policía y la Marina de Guerra que se desplazaban en carros de la IPCo, así hay muchas mujeres que desde el anonimato también lucharon defendiendo la vida de sus esposos. En mi familia hay una mujer (me reservo el nombre), que apoyada en su gran estatura y contextura peleo con un militar muriendo ambos y muchas enfermeras que tenían a sus hermanos sitiados,  y fungían de enfermeras, dejaban una burbuja de aire al inyectar a los militares y policías heridos...
-          ¿Y Cómo murió Alejandro? Me preguntó sin dejar de mirar su ahora libreta.
-          Pues dicen que fue traicionado y que lo atraparon en Negritos, pero eso no es así. En mi familia existe otra versión. Negritos era la metrópoli en Talara en ese entonces un anexo y todo pertenecía a Paita. Lo cierto es que me cuenta mi abuelo Marcos, que siendo el niño de 6 años (quizá unos años más, pues nunca los inscribían en ese entonces al poco tiempo de nacer en los registros municipales), estaba por anochecer y los envió su papá que era carnicero al almacén por velas, porque el “mechero de gas” únicamente alumbraba la cocina y escuchó la balacera, se tiró a tierra, bajo las escaleras y pudo ver a los pocos minutos que una casa de la calle 6 en Talara (la primera que hubo en Talara), lo sacaban unos militares cargándolo sangrado de una pierna, lo tiraron como res a la camioneta y mientras abordaban la unidad lo golpeaban y pateaban muchos al mismo tiempo, otros hacían tiros al aire y gritaban: “Cogimos al cholo”, “Se acabo la huelga, carajo”, miro como un policía disparaba al hombre que llevaban pero no supo si allí murió. Nunca fue al terminar una reunión sindical como señalan, porque esas se hacían difícilmente de madrugada, de día todos estaban escondidos. Luego salieron algunas mujeres llorando, diciendo que lo capturaron y llevaban a otros heridos también de bala, pero que no les interesaba. Nunca más lo volvieron a ver, nunca entregaron el cuerpo, se dijo que fue llevado a Lima para ser juzgado, pero algunos pescadores avisaron al día siguiente a la familia que lograron ver como se fondeaba un cuerpo en el muelle de Talara, con bolas de acero y amarrado en mantas.
-          ¿Víctor Raúl y Halla de la Torre se entrevistaron?
-          Sí, lo supe de mi abuelo. Cuando Halla de la Torre regresa de su exilio en Europa, llego al Perú desembarcando en Talara en el 30 o 31.

Seguía anotando con ávido interés, terminé mi emoliente ya tibio, acomodé en una servilleta mis panes, mientras me disponía a despedirme me dijo.
-          Gracias, espero verlo pronto por aquí.
-          Eso espero. Le extendía la mano, pagué los 3 soles que mi cuenta, salí del recinto y al doblar la calle, había otra llamada “Pariñas”, sonrío nuevamente, mientras el solo hace sus primeras caricias.

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