Por: Teresa Mejia Arevalo
Pero no es el caso. Constatamos día a día que hay una situación anómala que se hace cada vez más evidente, a saber, que la esposa del presidente ejerce funciones que no le corresponden. Es ampliamente sabido que ella selecciona ministros, despacha con ellos, manda cartas para tramitar temas, recibe empresarios para ver sus problemas, representa al Estado en asuntos internos y en el exterior, opina sobre los temas diarios de la política, etc. Hay además varios ministro(a)s que parecen sus pajes.
No es un tema menor, no es anecdótico.
La señora Nadine Heredia no ocupa ningún cargo público, ni electo ni designado; por tanto, para todo fin práctico, carece totalmente de atribuciones para hacer esas y otras funciones. La razón es muy simple: todo funcionario público es responsable e imputable por sus acciones. Ella es i-responsable e in-imputable. No puede ser interpelada y actúa por fuera de los sistemas de control, administrativos y judiciales.
Claro, ella es muy popular, pero ese es otro tema. Es evidentemente más simpática que su marido y aparentemente más versada; aunque habría que decir que ella sale sólo en la foto cuando la noticia es buena. Cuando hay que rendir cuentas de un estropicio gubernamental son otros los que dan la cara. Si recatan a un niño del VRAE ella aparece cargándolo, pero cuando fracasa una operación de las fuerzas de seguridad el que pone la cara es un ministro.
Ahora bien, esta situación, a mi juicio inconveniente para el país, se convertiría en un problema político de primera magnitud, si lo que está detrás es crear condiciones para cambiar la ley que le impide ser candidata, lo que constituiría un intento encubierto de reelección de la pareja en el poder.
El Perú ha tenido pésimas experiencias con los que de una forma u otra intentan perpetuarse en el poder, por lo que ello está constitucionalmente proscrito.
Ello sin contar el hecho de que, para que el país les crea, juraron solemnemente, antes de la segunda vuelta, que no intentarían quedarse ni un día más del 28 de julio del 2016.
La pregunta debiera ser innecesaria, por lo obvia que debiera ser la respuesta.
Pero no es el caso. Constatamos día a día que hay una situación anómala que se hace cada vez más evidente, a saber, que la esposa del presidente ejerce funciones que no le corresponden. Es ampliamente sabido que ella selecciona ministros, despacha con ellos, manda cartas para tramitar temas, recibe empresarios para ver sus problemas, representa al Estado en asuntos internos y en el exterior, opina sobre los temas diarios de la política, etc. Hay además varios ministro(a)s que parecen sus pajes.
No es un tema menor, no es anecdótico.
La señora Nadine Heredia no ocupa ningún cargo público, ni electo ni designado; por tanto, para todo fin práctico, carece totalmente de atribuciones para hacer esas y otras funciones. La razón es muy simple: todo funcionario público es responsable e imputable por sus acciones. Ella es i-responsable e in-imputable. No puede ser interpelada y actúa por fuera de los sistemas de control, administrativos y judiciales.
Claro, ella es muy popular, pero ese es otro tema. Es evidentemente más simpática que su marido y aparentemente más versada; aunque habría que decir que ella sale sólo en la foto cuando la noticia es buena. Cuando hay que rendir cuentas de un estropicio gubernamental son otros los que dan la cara. Si recatan a un niño del VRAE ella aparece cargándolo, pero cuando fracasa una operación de las fuerzas de seguridad el que pone la cara es un ministro.
Ahora bien, esta situación, a mi juicio inconveniente para el país, se convertiría en un problema político de primera magnitud, si lo que está detrás es crear condiciones para cambiar la ley que le impide ser candidata, lo que constituiría un intento encubierto de reelección de la pareja en el poder.
El Perú ha tenido pésimas experiencias con los que de una forma u otra intentan perpetuarse en el poder, por lo que ello está constitucionalmente proscrito.
Ello sin contar el hecho de que, para que el país les crea, juraron solemnemente, antes de la segunda vuelta, que no intentarían quedarse ni un día más del 28 de julio del 2016.
Por: Teresa Mejia Arevalo
0 comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.